Por Dra. Soraya Reyes Guerrero

Directora de Efectividad Institucional UPAEP

El mundo actual requiere de un profesionista capaz de enfrentar con nuevas habilidades personales y profesionales los retos de operar en un ambiente cambiante, altamente digitalizado, interconectado y muy demandante.

El mundo exponencialmente globalizado por el incremento de la actividad en línea y del comercio electrónico, presenta nuevos retos a la preparación del talento humano. La logística vista como una actividad esencial, la necesidad de ser resiliente, y la demandante interacción intercultural tanto en los negocios como en las relaciones sociales son realidades que impactan el entorno laboral. La preparación tradicional de los profesionistas no es ya suficiente para abordar los desafíos de esta nueva era.

Las competencias profesionales (también conocidas como habilidades duras o hard skills) delinean el perfil de un profesional de cierto campo disciplinar. En el accionar profesional de las personas se puede de manera clara distinguir los saberes propios de un abogado, de los de un médico, de un mercadólogo o de un ingeniero. Las habilidades duras son conocimientos propios de un campo disciplinar, que se aprenden en aulas o en la práctica profesional. Son claramente puerta de entrada en la contratación laboral.

Sin embargo, hay un conjunto de habilidades que son comunes o debieran formar parte del acervo personal de todo profesionista. A estas capacidades (tales como el trabajo en equipo, la colaboración, el compromiso, la inteligencia emocional, la comunicación oral y escrita, entre otras) se les conoce como habilidades blandas (soft skills). Éstas se van desarrollando a lo largo de la vida, nutriéndose tanto de la educación en casa como de la recibida en la comunidad académica.

Son habilidades altamente valoradas y conforman el currículum oculto de las personas. La correcta conjunción de habilidades duras y blandas forman el curriculum personal y anticipan un desempeño profesional meritorio en quien las haya desarrollado. Pero, cada vez las habilidades blandas son más relevantes y de mayor interés en el proceso de selección o contratación de personal.

Sin embargo, dada la reconfiguración de los empleos, los retos de la globalización que han permeado sus impactos en la competitividad y la reconfiguración que la pandemia ha catapultado en los modelos de negocios, los profesionales se ven en la necesidad de reforzar su set de habilidades y adquirir aquellos conocimientos o competencias que ahora son indispensables en un mundo post-pandémico.

Análisis internacionales señalan que una de las nuevas competencias más urgentes que un profesional de la actualidad debe desarrollar es “la capacidad de hacer sentido”.

Esto obedece a la cantidad de información proveniente de múltiples frentes que genera una miríada de variables que deben ser manejadas y ensambladas de forma tal que permitan la toma de decisiones. Por ello, “la capacidad de hacer sentido” de la información, discriminando y acomodando de forma asertiva los datos cuantitativos y cualitativos es imprescindible en un mundo que gira alrededor de la minería de datos y la gestión de la información.

Competencias como autoconciencia, automotivación y habilidades sociales han estado presentes en la mesa desde hace un tiempo; pero hoy, con escenarios de fuerte impacto emocional como los producidos durante la pandemia y de gran reto profesional como el replanteamiento de cadenas de suministros, evolución de modelos de negocios, férrea competencia potenciada por internet, crisis económicas, automatización de los puestos laborales y de las actividades, etc., cobran una nueva dimensión.

Por ende, es importante tener una disciplina personal que permita forjar estas habilidades blandas y matizarlas con pensamiento creativo y disruptivo, cualidades que también se posicionan en el escenario de las nuevas habilidades que ya no son corazón de una disciplina en concreto, sino de todo profesionista.

Se prevén escenarios en el futuro próximo, en donde una cifra cercana al 85% de los puestos laborales actuales serán sustituidos y reemplazados en un 40% de las actividades laborales tradicionales por la digitalización y la presencia remota. Ello obliga a repensar la educación y la preparación del talento humano.

La buena gestión del talento humano es una tarea altamente estratégica que facilitará el afrontar de manera asertiva y competitiva el nuevo orden de las relaciones comerciales. Es, sin duda, un motivo de reflexión tanto personal como organizacional, pero también político y social, para hacer un frente común ante los desafíos que el talento humano encara en el mundo actual.